Soy mis sueños

¿Ves mi sonrisa? Atrévete a intentar quitármela ;)

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sábado, 1 de octubre de 2011

De un plumazo

  Siento el impulso de rendirme de una buena vez y dejarme arrastrar finalmente por las cadenas que agarran a mi alma y tiran de ella con brusquedad hacia el suelo, esperando pacientemente a que me abandonen las pocas fuerzas que me restan y no quede resistencia que pueda hacerle frente. Y, de un plumazo, mis alas desaparecerían, del impulso las cadenas me arrastrarían a una velocidad de vértigo, y con espanto podría observar un desfile de nubes de algodón que dejan paso a las tinieblas.
  Y una vez me dejase caer, no sé si sería capaz de volver a levantarme. Porque ya no tendría alas que pudiesen levantar mis pies del suelo.
  Encadenada a una realidad que no quiero vivir.
  Por ello lucho con todas mis fuerzas, pero tengo la sensación de que no tiene sentido si no estás a mi lado.
  Finalmente, me abandono a las lágrimas que surcan mis mejillas mientras notas de música recorren el cuarto a media voz, envolviéndome en ensoñaciones que no sé ya si me hacen bien o mal. Prefiero no regresar aún a la realidad...
  Hay veces que me rindo ante lo evidente y me reconozco a mí misma que nada de esto tiene sentido. ¿Para qué luchar una guerra que ya estaba perdida antes de comenzar? Pero no tengo valor para olvidarte, y comprendo que aún peor sería perderte.
  No consigo entender por qué duele tanto. Por qué te desgarra el corazón, si lo tienes a cientos de kilómetros de aquí.
  Siento una impotencia que me impide pensar con claridad. Tantas ideas han cruzado mi mente, que apenas recuerdo ya cuántas eran. Cuántas soluciones imposibles, cuántas ilusiones y sueños rotos, cuántas esperas y ramalazos de vaga valentía, cuántas dudas... cuántas ocasiones en las que necesitaba oír tu voz, perderme en tu mirada y verte sonreír.
  

domingo, 11 de septiembre de 2011

¿Cómo lo sé...?

  Pensar que te pierdo, y notar como cada fibra de mi ser se rebela. Comprendo que no podría soportarlo, que te has convertido en mi vida y que ya es físicamente imposible sacarte de ella.
  Debo rendirme ante lo evidente y reconocérmelo a mí misma; te quiero. ¿Cómo lo sé? Porque mi nombre suena mejor si es en tu voz. Porque eres lo primero que recuerdo al despertar y lo último antes de dormir. Porque has vencido todas las barreras que impuse y has robado mi corazón. Porque tu opinión es la única capaz de cambiar mi forma de pensar. Porque un elogio tuyo me hace inmensamente feliz. Y, sobre todo, porque no existe nadie perfecto, así que solo es posible que lo seas ante mis ojos. Lógico, ¿no crees? Pues mi corazón no, y por mucho sentido común que le eche encima no cambiará de opinión. Y, además, no existen gafas que le ayuden a enfocarte mejor.
  Está completamente ciego, y se deja guiar por tu voz.

viernes, 2 de septiembre de 2011

Tss

  Busco tu mirada sin cesar, y cuando nuestros ojos se encuentran un cosquilleo recorre mi espalda, noto cómo un color sonrosado salpica mis mejillas y un deseo de no escapar del océano incontenible que son tus pupilas se apodera de mí.
  Mil ilusiones me dicen estúpidamente que me quieres, y siento una explosión a la altura del pecho. El cúmulo de sentimientos confusos guardados en mi corazón se expanden a lo largo de mi piel, electrizándola. Tengo la piel de gallina, los pelos de punta, el pulso acelerado; y no puedo controlarlo.
  Te siento cerca y todo mi mundo se gira hacia ti, hacia tu posición, y de repente nada más importa. Surge el deseo de sonreírte, de decirte cualquier cosa, lo que sea, no importa, y perderme en tu voz cuando respondas. Me reprendo por esta debilidad, aunque sé que inútilmente.
  ¿Cómo controlar esos extraños sentimientos cuando son ellos los que me controlan a mí?

lunes, 22 de agosto de 2011

Un lazo que me une a ti

  Siento una cuerda que sale de mi pecho y se pierde en la lejanía, con dirección al horizonte infinito. Es tan real que prácticamente la puedo palpar, que me impide respirar con normalidad y altera mi pulso inevitablemente. Y cada vez tira más, puedo notar con facilidad cómo se tensa; una goma que fuerzas en exceso y de tanto estirar se quebrará, y sé que yo me romperé con ella en mil pedazos sin poderlo remediar.
  El otro extremo del lazo es tuyo; te pertenece por completo, me une a ti y ni siquiera lo sabes. Cuanto más me alejan de ti, más se aprieta el nudo con el que la cuerda rodea mi corazón, que lo noto en un puño cerrándose cada vez con más fuerza según tus recuerdos descienden en picado y alzan de nuevo el vuelo con pedazos de mí, que son lo que soy gracias a ti.
  Quisiera coger la cuerda con ambas manos y tirar de ella, acercándote así a mí y acabar con esto que me desgarra por dentro al saber que tú no estás a mi lado.
  Quisiera que mis lágrimas deshicieran el lazo que siento que nos une tan dolorosamente cuando estás lejos.
  Quisiera tomar esta maldita soga y ahogar, asfixiar yo misma esta sensación de desesperación y soledad; de haber perdido el rumbo ahora que tú no caminas a mi lado en este complicado recorrido que es la vida.
  Pero no soy capaz, porque en realidad no hay cuerda. Porque no puedo verla; pero me daña los ojos cuando echan un vistazo a tus recuerdos. No puedo tocarla; pero me quema, más bien me abrasa, al contacto con la piel que rozaste en aquel último abrazo. No puedo olerla; pero sopla hacia las aletas de mi nariz una brisa de angustiante soledad. No puedo degustarla; pero me deja un ácido sabor de boca que me impide tragar saliva, comer y beber. No puedo escucharla; pero taladran mis oídos las últimas palabras que fueron tu adiós.
  ¿Por qué este lazo se estira tanto en vez de romperse de una vez? ¿Es que cientos de kilómetros no son suficientes para la flexibilidad de esta goma? ¿De qué clase de material está formada la cuerda que me tortura? ¿Sueños? ¿Recuerdos? ¿Tal vez un falso olvido?
  Y pensar que cuando estás a mi lado este lazo es una cálida manta que recubre mis hombros, dándome una estúpida sensación de seguridad que me brinda tu mirada, una felicidad que me contagia tu risa y el amor que reflejas cuando provoco tu sonrisa.
  Qué irónica y absurda que es la vida.

lunes, 25 de julio de 2011

¿Quién eres tú?

  Me miras, y todo mi mundo se pone patas arriba. Mi respiración se vuelve entrecortada, mis ojos brillan de esperanza, mi corazón late marcando el ritmo de una rápida canción de sueños, mi voz no es capaz de pronunciar algo coerente y yo me siento estúpida al ver lo que tú sólo haces en mí.
  Es ridículo, ¿no crees? ¿Cómo me he podido enamorar de ti, que me ignoras, que ni siquiera sabes que existo? ¿Que te crees superior al resto, que miras por encima del hombro? ¿Que le concedes más importancia al aspecto que a las tonterías que se dicen? ¡No sé tu nombre tampoco!
  Simplemente te vi un día reír, y me gustó cómo lo hacías. Escuché tus bromas, y también a mí me divirtieron. Reflexioné sobre tus puntos de vista, y no pude menos que darles la razón.
  ¿Por qué tengo la estúpida sensación de que no eres quien finges, quien creen tus amigos?
  Detrás de tu arrogancia no hay nada más, no está el chico que espero encontrar un día.
  Despierta, princesa ingenua, y date cuenta de que no es un cuento de hadas, que la realidad no roza; empuja hacia un abismo. Que tu príncipe azul no vendrá en un corcel o, al menos, no vendrá solo. Fíjate en la grupa de su caballo, y verás a la dama que lleva atrás. No hace falta que recuerdes su rostro; dentro de poco, volverá a cambiar la identidad de su princesa.
  ¿Acaso quieres ser una más?